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Dolor en las articulaciones, podría ser bursitis

Dolor en las articulaciones, podría ser bursitis

A veces, el dolor articular puede estar causado por la bursitis. Veamos en qué consiste, las principales causas y los posibles tratamientos.

Qué es la bursitis

Las bursas del cuerpo son pequeños sacos llenos de líquido. Pueden encontrarse entre los huesos y los tendones, pero también en los diferentes planos miotendinosos del sistema musculoesquelético. Su función es proteger las articulaciones de la fricción dolorosa, el desgaste y los traumatismos, haciendo que el movimiento sea suave y amortiguado. Las bursas con mayor riesgo de inflamación son las del hombro, el codo, la rodilla y la cadera.

La bursitis se divide en bursitis inflamatoria y bursitis hemorrágica. Las primeras son un estado inflamatorio provocado por los movimientos repetidos que someten a estas bolsas de líquido a tensiones y roces. Ejemplos de este tipo de bursitis son la bursitis gotosa causada por el depósito de cristales de urea (en pacientes con hiperuricemia) o la causada por una infección viral o bacteriana (bursitis séptica). El segundo tipo de bursitis, en cambio, suele producirse tras una lesión con desbordamiento de la sangre debido a la rotura de los vasos y la consiguiente acumulación de sangre en la bursa.

Causas

Entre las muchas causas de la bursitis están, por supuesto, los movimientos repetidos que provocan roces, fricciones y diversas tensiones mecánicas. Otros factores que pueden interferir en la composición del líquido sinovial de las bursas son las enfermedades sistémicas, como la artritis reumatoide y la gota. Otras causas de la bursitis pueden ser infecciones bacterianas o víricas. Otras causas son los traumatismos, los accidentes y las caídas, en los que se ejerce una presión violenta sobre las bursas, provocando su irritación o rotura. Por último, otras causas de bursitis pueden ser el envejecimiento, así como los trabajos extenuantes que implican la repetición de los mismos movimientos durante mucho tiempo (como en el caso de los artesanos, los músicos, etc.).

Síntomas

Los principales síntomas de la bursitis son el dolor en la zona afectada, amplificado por el movimiento o la presión. También puede haber enrojecimiento, hinchazón y hematomas (equimosis o hematoma) cuando hay pequeñas cantidades de sangre. Otro síntoma de la bursitis pueden ser las erupciones. En caso de infección o de pérdida de sangre importante, también puede aparecer fiebre.

Prevención

Es esencial actuar antes de que se produzca la bursitis para prevenir el dolor agudo. Actuar sobre este tipo de inflamación también es esencial para los pacientes que ya han sufrido este tipo de inflamación y necesitan mantenerla bajo control para evitar que vuelva a producirse. Una de las cosas que se pueden hacer es evitar ejercer presión sobre los codos al apoyarse en el escritorio. Otra medida que hay que utilizar, sobre todo durante los trabajos repetidos y pesados, es el uso de almohadillas de protección específicas, por ejemplo para las rodillas, y recordar que hay que doblar las piernas al levantar un peso. Es fundamental tratar de evitar los esfuerzos excesivos y las cargas pesadas. En cuanto al ejercicio, es esencial calentar los músculos, intentar correr sobre superficies adecuadas y entrenar el cuerpo para lograr el equilibrio y la postura correcta. El sobrepeso también es un factor que hay que controlar. Sería conveniente no mantener la misma posición durante demasiado tiempo y evitar los movimientos repetidos, cambiando de postura y de movimientos.

Diagnóstico y riesgos

Un examen por parte de un especialista permite identificar los síntomas del problema y, si es necesario, realizar un diagnóstico de bursitis. El diagnóstico clínico puede ir acompañado de exámenes instrumentales indicados por el especialista (radiografía, ecografía, resonancia magnética nuclear, análisis de sangre, análisis del líquido sinovial). Un diagnóstico correcto y a tiempo evita los siguientes riesgos: sobreinfección bacteriana, cronicidad del cuadro, ulceración, afectación articular contigua y/o pauciarticular y etiología sistémica desconocida.

Cuidados y tratamiento

El tratamiento de la bursitis debe definirse según el caso concreto, teniendo en cuenta la gravedad del cuadro clínico y la presencia de posibles complicaciones. Dependiendo de la gravedad del problema, si la bursitis es leve, se puede aplicar una bolsa de hielo en la zona afectada junto con un periodo de reposo. Para reducir la inflamación y el dolor, se puede tomar un medicamento antiinflamatorio o aplicar vendas de compresión elástica. Si el cuadro clínico lo requiere, puede ser necesario un tratamiento antibiótico o una infiltración de corticoides. En casos graves, puede ser necesaria una bursectomía quirúrgica.

Una forma de tratar la bursitis y obtener alivio sin tomar medicamentos es con la magnetoterapia. Actúan sobre la inflamación y el dolor mediante campos electromagnéticos. Los campos electromagnéticos LF de baja frecuencia estimulan la regeneración de los tejidos y tienen un efecto vascularizador y antiinflamatorio. Los campos de alta frecuencia tienen un efecto antitálgico porque actúan sobre el sistema nervioso periférico.

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